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Musiespaña | Granada Hoy
Gran éxito de Juanjo Mena, Isabelle van Keulen y Asier Polo
Lun, 02/07/2012
Gran éxito del director Juanjo Mena, la violinista Isabelle van Keuelen y el violonchelista Asier Polo en su concierto en el Festival de Granada 2012.

El Palacio de Carlos V, acostumbrado como está a recibir las mejores orquestas del mundo, se rindió la noche del jueves a una Orquesta Ciudad de Granada que bien puede estar segura de ser una de las mejores, al menos en el panorama nacional. Juanjo Mena, un director que conoce bien la OCG, fue el encargado de dirigir a sus músicos, entregados a un programa Brahms que hizo las delicias de todos los asistentes. 

Si bien la presencia de la OCG en el Festival no es extraña, pues colabora anualmente con esta fiesta de la música, el jueves ofreció lo que podemos afirmar ha sido, hasta el momento, el mejor concierto sinfónico de la presente edición. La ocasión no era para menos: rendir homenaje a Johannes Brahms con un programa que incluía su doble concierto y su tercera sinfonía. Y es que la OCG, pese a ser una orquesta de plantilla clásica, se siente bien con la música romántica, un repertorio que afronta con buen criterio y segura de sus posibilidades. La presencia de una batuta de la talla de Juanjo Mena, recién nombrado director de la Orquesta Filarmónica de la BBC, contribuyó al éxito, pues su acertada dirección no hizo sino subrayar el sonido tan bueno que tiene la formación granadina. Junto a ellos estuvieron dos invitados de excepción: la violinista Isabelle van Keulen y el violonchelista Asier Polo. 

La velada se abrió con una fanfarria de bienvenida, la obra de Tomás Marco Through the Looking-Brahms. La pieza fue escrita para el orquesta Filarmonía de Dresde por iniciativa del director Rafael Frühbeck de Burgos, a quien se le ocurrió encargar cuatro fanfarrias para completar la interpretación integral del ciclo sinfónico brahmsiano; de este modo, Tomás Marco compuso Through the Looking-Brahms para la primera sinfonía, utilizando la plantilla de viento-metal y percusión de dicha obra e incluyendo citas de su material motívico. La obra utiliza algunos recursos llamativos, como son los cánones rítmicos producidos con la percusión de la palma de la mano en la boquilla de los instrumentos, o las múltiples imitaciones en estrecho entre los vientos en una rica gama cromática. 

Tras una monumental apertura de carácter festivo, la escena se pobló con todo el elenco de músicos de la OCG, y recibió a Isabelle van Keulen y a Asier Polo para la interpretación del soberbio Doble concierto para violín y violonchelo en la menor del compositor austriaco. Esta partitura es especial por varios motivos: lo excepcional de su plantilla, usando dos solistas, la densidad de sus materiales temáticos o el complejo desarrollo motívico que realiza el compositor. Desde los primeros compases se hace evidente la hegemonía de los dos solistas sobre la orquesta; ésta, sin embargo, juega un papel fundamental, ofreciendo no sólo el entorno armónico apropiado para el canto del violín y el violonchelo, sino también múltiples referencias melódicas que, bien a modo de diálogo, bien por imitación o desarrollo, completan de forma magistral el rico cuadro sonoro concebido por Brahms. Ambos solistas estuvieron sublimes en su difícil papel, lleno de trinos a doble instrumento, arpegios en figuraciones ligeras y pasajes melódicos entrelazados entre ambos. Isabelle van Keulen se mostró segura y decidida en una realización sobresaliente, mientras que Asier Polo nos deslumbró con el mimo y pasión que vuelca en su interpretación, llena de matices y sutilezas dignas del mejor de los maestros. La ovación recibida por ambos intérpretes les animó a ofrecer como bis un Pasacalle de Georg Friedrich Händel, en arreglo para violín y violonchelo solo. 

La segunda parte estuvo ocupada por completo por otro gran monumento de la música: la Sinfonía núm. 3 en Fa mayor de Brahms. Esta página del sinfonismo romántico es un claro ejemplo de la sofisticación y perfección que alcanzó el lenguaje del siglo XIX a través de estructuras formales heredadas del clasicismo. 

Sus cuatro movimientos se encuentran equilibrados entre sí tanto en sus duraciones como en la tensión expresiva de su material temático. Ya desde su primer movimiento, la sinfonía se abre con un decidido allegro con brio en el que Brahms realiza un alarde compositivo al encabalgar entre cuerdas y vientos los elementos generadores del rico entramado melódico; un intenso juego de tensión-relajación es usado en todo el movimiento, y siembra las bases del resto de la obra. Así, el segundo movimiento da concesión a un melodismo más reposado, mientras que en el tercero se vuelve a encontrar un motivo sumamente emotivo y sobrecogedor, para finalmente resolver todas las tensiones en el movimiento final, donde los ecos del primero dotan de un equilibrio cósmico la partitura. 

Todas estas cualidades de la tercera sinfonía de Brahms fueron sutilmente utilizadas por Juanjo Mena, que supo extraer en cada momento el máximo de sonido a la OCG. Las cuerdas, con Friedeman Breuninger en el puesto de concertino, sonaron como nunca; no sólo su empaste fue perfecto, sino que suplieron con potencia y un arco muy bien diseñado las posibles carencias de efectivos frente a una potente sección de vientos. Por su parte, las maderas nos embelesaron con la riqueza tímbrica y perfección a las que ya estamos acostumbrados, perfilando con la precisión de un delineante cada motivo en una escritura, como es la brahmsiana, en la que la pérdida de un solo trazo puede desdibujar toda la imagen. Unos metales precisos y bien compensados completaron el marco sonoro, destacando la difícil y decisiva interpretación de las trompas. Seríamos injustos si no citásemos a la magnífica labor a los timbales de Jaume Esteve, instrumento que en las sinfonías de Brahms configuran el latir interno de toda la estructura rítmico-armónica. 

En definitiva, bien podemos decir que la OCG fue toda una orquesta de Festival, si admitimos esta categoría como sinónimo de calidad sonora y coherencia artística.

GONZALO ROLDÁN HERENCIA

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