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Musiespaña | Mundoclásico
Absorto en su propia belleza
Mié, 15/02/2012
Gran éxito de Adolfo Gutiérrez Arenas en el recital del pasado día 9 dentro del Ciclo Ibermúsica, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

Mundoclasico.com | Mikel Chamizo

No estoy seguro acerca de la nacionalidad de Adolfo Gutiérrez, quien nació en Múnich pero pronto se trasladó a vivir a España. Orígenes al margen, el todavía joven violonchelista es, sin duda, uno de los solistas españoles más destacados en la actualidad, con un currículum francamente meritorio y un prestigio bien asentado en California. Dicho lo cual, no dejó de sorprenderme su presencia en el Ciclo A de Ibermúsica, que le ha ofrecido protagonizar todo un recital en la Sala Sinfónica. La empresa también le facilitó, el pasado año, su debut con la Orquesta Sinfónica de Londres, por lo que parece claro que en las altas instancias de Ibermúsica existe una fe sólida en las posibilidades de Gutiérrez para codearse con las grandes estrellas internacionales que pueblan el resto de su programación.

Gutiérrez ofreció, desde luego, un recital modélico en torno a los grandes del Romanticismo, desde sus albores con Beethoven hasta los caminos divergentes de Brahms y Franck, pasando por Schumann. Desconozco por qué escogió un programa tan conservador, cuando en su repertorio tiene algunas otras obras sumamente interesantes (Kodaly, Stravinsky, Barber, Hindemith, incluso Britten y Crumb) que le hubieran aportado una pizca de variedad al recital y a nosotros la oportunidad de escucharle moviéndose en estilos diferentes. Supongo que optó por este programa porque se trataba de un concierto importante y estas obras le permitieron lucir muchas de sus mejores cualidades como violonchelista: un color cálido y bien balanceado entre los diferentes registros, con una calidad tímbrica bellamente lírica, además de una musicalidad muy natural para las melodías amplias y expresivas, con una técnica de arco muy lograda que le permite construir líneas en legato de gran calidad y efecto.

Este mix de cualidades arrojó resultados magníficos en momento como el 'Allegro non troppo' de la Sonata nº 1 de Brahms, con su inicio elevándose desde el grave que fue transmitido con verdadera magia por Gutiérrez. O en su encantadora visión del 'Adagio con molto sentimento d'afetto' de la Sonata nº 5 de Beethoven, construída con una delicadeza y justeza expresiva que resultaron deliciosas. O toda la primera parte de la Sonata para violín de Franck (en la versión para violonchelo de Jules Delsart), con un 'Allegretto ben moderato' bellamente expresado en su sobriedad y un 'Recitativo' más extrovertido y emocionante.

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En cuanto a la Sonata nº 1 de Brahms, de la que ya se ha dicho que atesoró momentos bellísimos, hay que reconocer también que su segundo movimiento, el 'Allegretto quasi', con su espíritu ligero y casi danzable, fue afectado por unos arcos excesivamente pesados y anclados a las fundamentales, cuando la música casi parece que esté exigiendo spiccati y una sonido más aspero y rítmico. También le faltó a Gutiérrez, o a su violonchelo, un poco más de volumen en los clímax, especialmente los más dramáticos, como el del final del 'Recitativo-Fantasía' de Franck y el 'Allegretto poco mosso' que le prosigue. Esta falta de volumen y de intensidad en los fortísimos fue más patente porque Graham Jackson, con la tapa del piano bien abierta, no se cortó nada en desplegar dinámicas en forte muy sonoras que se comieron en varias ocasiones al violonchelo. Jackson, por cierto, y salvo algunos despistes un poco extraños en el Brahms, realizó un magnífico dúo de música de cámara junto a Gutiérrez, y aunque no todo en su pianismo fue impecable, se notó que conocía perfectamente los cómos y los porqués de este repertorio.

En fin, fue un recital muy notable en torno a un programa excesivamente conservador, con un violonchelista de preciosa ejecución al que sólo le faltó, a veces, ser menos hedonista con su propia forma de tocar.

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